Adán mío, aún recuerdas
a tu Cleopatra Reina
cuando nadabas en el Nilo
entre perros y serpientes.
Yo resucité tu cuerpo
besando toda la siembra
de papiros con puñales
que salían de mis dientes.
No olvidas, Adán mío,
aquellos días de fiesta
debajo de las palmeras.
No olvidas las comidas
regaladas por la tormenta
con la miel de las colmenas.
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