Andas contento, Adán mío,
por las fiestas y las misas.
No hay santo al que no honres
ni virgen que no persigas.
Con tanto festejo olvidas
que tu Eva es más sencilla:
prepara una paella
y va repartiendo el vino.
Se acercan a la cueva
los loros y los gorilas,
viene un monito pequeño,
se ven huellas de un lobito.
Pero entre tanta fauna
extraña tu barro fino
porque eres, Adán mío,
la porcelana que brilla.
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