Aparezco en tu cueva
con un pantalón gastado
y preguntas si soy pobre
o si Dios no tiene pasta.
Creo que aún no sabes
que el paraíso se acaba.
Estamos a pocos días
de comer una manzana.
Te horrorizas aún más
cuando ves que hay remiendos
en mi pantalón más nuevo
comprado con tu gran sueldo.
Adán mío, no maldigas
nuestra suerte en esta guerra.
Tú bien vives en tu cueva.
Yo peleo por la selva.
Y si este pantalón
lleva bonitos remiendos
es porque manos gemelas
cosieron bien los remiendos.
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