Ha venido el jardinero
a cortarnos unos árboles
para llenarlos de luces
cuando el Niño nos nazca.
Arriba estará la estrella.
Debajo nuestros regalos.
El Niño que no es niño
aplaudirá con sus manos.
Tú envidiarás al padre
anciano que siempre calla.
Yo no envidiaré a la madre
porque también yo soy madre.
Sueña conmigo, Adán mío,
esta Navidad más dulce
que un polvorón amargo.
Y no me digas tus sueños.
Y no me cuentes tus llantos.
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